Jamón ibérico, ¿por qué está considerado como un producto de calidad y recomendable para nuestra salud?

Cuando hablamos de productos de bellota ibéricos, nos referimos a aquellos que proceden de cerdos ibéricos que se alimentan de bellotas en un entorno natural idóneo: dehesas compuestas por una mezcla de encinas, alcornoques y quejigos. Todo ello permite que durante esos cuatro meses de montanera, que es cuando cae la bellota, un cerdo ibérico nos proporcione uno de los productos más sanos y exquisitos de nuestra gastronomía española: el jamón ibérico de bellota.
Por tanto, para la obtención de un buen jamón ibérico son dos los aspectos importantes que influyen: la raza del cerdo y la alimentación a base de bellotas y hierbas, todo ello en un entorno natural y al aire libre.
Ya son muchos estudios, como los llevados a cabo por la Unidad de Endotelio y Medicina Cardiometabólica del Hospital Ramón y Cajal de Madrid o por la Unidad de Medicina Interna del Hospital Perpetuo Socorro de Badajoz, los que han demostrado que el consumo moderado de estos productos tiene efectos beneficiosos para la salud cardiovascular (concretamente para los vasos sanguíneos y la presión arterial). Esto es debido a su alto contenido en proteínas de alta calidad, minerales, como calcio, hierro, magnesio, cobre (importante para huesos y cartílagos), zinc y fósforo, y vitaminas B1, B6, B12, ácidos grasos monoinsaturados y antioxidantes como los polifenoles. Por el contrario a lo que tradicionalmente se ha pensado, y abalado por los numerosos estudios realizados, estos productos no producen aumentos de peso ni de colesterol.
Nos podríamos preguntar que por qué este producto es saludable si tiene un alto contenido en sal. Pues bien, es cierto que el jamón presenta un elevado índice de sal. También es cierto que la sal es importante para reducir el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares (la OMS recomienda consumir un máximo de 5 gr. de sal al día). Pues bien, el jamón ibérico contiene menos sal que otro tipo de productos como el jamón serrano o el jamón de Parma. Esto es debido a la raza y a la alimentación, ya que la grasa que se infiltra en la carne y el elevado pH hacen difícil que la sal penetre. Se podría pensar en prescindir de la sal, pero esto no es posible ya que es un elemento esencial para la elaboración del jamón.
Por todo ello, podemos concluir que el jamón ibérico es un producto muy recomendable en dosis moderadas (por cada 100 gramos de jamón ibérico la aportación sería menos de 250 kcal), y por tanto se puede considerar como un producto saludable y apto para una dieta equilibrada, y, por supuesto, un manjar para los mejores paladares.